martes, 9 de abril de 2013

La belleza del caos



¡Oh sí pipol! El caos me parece bello, es un reto, una provocación directa de la vida para que me mueva. No entraré en detalles de una teoría matemática que ni siquiera entiendo, mejor les platico mi punto de vista.
Mientras más me encuentro en momentos o situaciones caóticas, más veo la belleza que representa una oportunidad de cambio; a menos que uno sea necio y quiera quedarse por siempre en esa situación, cuando los problemas surgen uno está obligado a cambiar.

Todos tenemos, hemos tenido y seguiremos teniendo dificultades, a veces será la sensación de que todo está “patas para arriba”. Existen toda gama de problemas que van desde los más pequeños hasta los enormes que nos ciegan frente a  cualquier otra cosa a nuestro alrededor, así es el vivir. Son momento en los que uno se encuentra de verdad desorientado; y no me refiero a una situación, me refiero a un lapso de tiempo en el que no distingo lejos de cerca, nada sale como yo esperaba y lo que sirve se descompone. Ese momento en que uno llega al tope en situaciones de vida, no será una definición muy académica pero es la que describe a lo que me refiero como caos. Una vez todo en contexto, ahí les voy con mi “forevereada” sobre el tema.

Recalco el tema de que uno decide siempre cómo ver las situaciones, e incluso en esos momentos nosotros mismo somos responsables de nuestra percepción y por lo tanto de la forma en la que se acomoda la vida alrededor. Para poner un ejemplo más claro sobre la diferencia de visiones que elegimos tener ante una situación caótica o “no cómoda” usaré el ejercicio: está su servidora dándole en los Pilates, cuando empiezo a sentir cómo el líquido recorre mis musculitos casi quemándolos, sin duda es una sensación no placentera de la que quiero liberarme lo más pronto posible (sería el caos). Justo en ese momento yo tengo la opción de ver las cosas de forma que sean una barrera o una motivación. Si le llamo dolor me voy para abajo pienso que ya no puedo más y libero al músculo en el momento exacto en el que necesito apretar más para fortalecerlo, pierdo la oportunidad del trabajo anterior; sin embargo, si decido reconocer esa sensación como la prueba de que estoy haciéndole bien a mi cuerpo al darle fuerza y salud me llega un impulso para seguir adelante, resistir y hacer al menos 5 repeticiones más. El resultado en ambos casos depende de mi mente, no de mi cuerpo, yo decido qué hacer con esa sensación, mi cuerpo sólo obedece, lo mismo pasa con la vida.

Había una vez una época en mi vida en la que TODO, pero de verdad TODO estaba patas arriba. Ya les he contado que pasé por una depresión, ahora les desglosaré mejor el escenario para explicar la belleza del caos. Tenía el corazón roto y humillado a más no poder (2 años de desgaste emocional tupidito); era miss de kínder, daba terapias a niños y trabajaba en el Psiquiátrico Infantil, pero estaba que no podía ni con mi alma por lo que renuncié a todas mi chambas, o sea, desempleada y sin saber qué quería hacer; sin lana, sin coche porque me habían dado un santo trancazo en Periférico que hasta en la tele salí; no podía acabar la carrera, debía y debía 2 materias que seguía cursando; mi papá se enfermó y nos pegó un sustazo a toda la familia; uno de mis mejores amigos acababa de suicidarse; me la pasaba de fiesta gastándome la lana que me habían dado por la pérdida total de mi coche, obvio mis papás ya no sabían qué hacer conmigo ni cómo castigarme o apoyarme después de una historia de peleas y regaños desde los 8 años…..en fin, TODO mal y no sabía ni para dónde. Ha sido el momento más difícil de mi vida, pero al mismo tiempo el más reparador.

Con ese bonito paquete retomé mi terapia, obvio la psicóloga lo primero que me dijo fue “te tengo que mandar con un psiquiatra para que te den antidepresivos”. Me asusté horrible porque tenía 28 años y me parecía absurdo tomarlos. Le pedí a la psicóloga que me diera 3 meses para ver qué hacía yo para comenzar a salir adelante, me dijo que ok, sin embargo mis papás tenían que ir a algunas sesiones conmigo para decirles cómo estaba el panorama. Fue el primer suspiro de alivio al pensar que en campo neutro podía comenzar a tener otra oportunidad. Al mismo tiempo leí un libro hermoso (“El joven de las naranjas”/ Jostein Gaarder http://www.rebelion.org/hemeroteca/cultura/040220jg.htm)). En este libro un padre le preguntaba a su hijo de 15 años si su vida había valido la pena, le preguntaba que si hubiera tenido la oportunidad de nacer o no nacer qué hubiera decidió después de la vida que tenía. Puuuuffff, me cayó el veinte completo porque sin duda me respondí a mí misma “yo hubiera decididó nacer y vivir porque aún cuando todo está mal la vida es hermosa”. Ahí decidí vivir al máximo, comencé poco a poco a resolver uno a uno las situaciones que me tenían así. Cuando cumplí 30 estaba en camino, todo mejoraba poco a poco y así ha sido desde entonces.

En ese momento aprendí que la forma en la que viera y me enfrentará a la cosas dictaría el resultado SIEMPRE. Nada había cambiado, las situaciones externas seguían siendo las mismas, pero mi visión era otra. Dejé de enfocarme en el dolor para enfocarme en la tarea de armar el rompecabezas, la situación se volvió hasta interesante y retadora, YO tenía las piezas, YO iba a armar el mejor escenario para mi vida.

Evidentemente me sigo enfrentado a situaciones complicadas, no hay vacuna para eso. El paquete sigue trayendo descalabros emocionales, corazón roto, situaciones familiares, retos laborales….lo que se les ocurra, la vida me mueve de forma constante y ahí voy yo de un lado a otro, una veces más que otras. Lo bueno es que después de ese episodio a mis 28 años ya nada me da miedo, sé que todo pasa, que el tiempo cura lo que necesita curar, que la claridad llega cuando he trabajado en mi mente y corazón para lograrla, así que cuando tengo un conflicto grande o pequeño recuerdo de las que he salido y todo vuelve a estar en paz. Hay cosas que no se resuelven de inmediato, tampoco espero que así sea, sólo que ahora tengo paciencia y tranquilidad para decidir mejor. Es por esto que en el caos elijo ver siempre la belleza de una oportunidad… ¿oportunidad de qué o para qué? No lo sé, eso siempre se revela con el paso del tiempo. Así que aquí estoy esperando ver cuál es la nueva oportunidad que elegí al decidir en días pasados :).

martes, 5 de febrero de 2013

Soy Coach por egoísta


Este entradita la escribí hace 2 años. Mi amigo Ricardo me comentó que estaban haciendo una página sobre Coaching y yo presta me puse a escribir mi introducción al mismo. Se las comparto con mucho cariño y esperando que a alguien le sirva mi experiencia.

Egoísmo, esa sería la razón por la cual un decidí certificarme como Coach, estaba buscando una nueva forma para potencializar mi vida sin pensar en absolutamente nada más.

Existen dos formas de platicar mi camino hacia el Coaching, el simplista y el del corazón. El simplista  es básico; me enteré que existía una disciplina llamada Coaching, investigué un poco y reconocí el potencial de la herramienta para evolucionar en mi vida, tomé el diplomado y desarrollé las competencias.
En lo personal, prefiero compartir  el camino del corazón. Me permite explicar de mejor forma el impacto que ha tenido el Coaching en mi vida como herramienta para continuar creciendo.

La historia que me conté muchos años sobre mi misma comenzó desde antes de la primaria. Fui una niña con espíritu travieso, muy inquieta, siempre trepada en los árboles, arrastrándome por la pelota, rompiendo el vestido, dejando los zapatos como viejos desde la primera puesta, perdía o rompía mis juguetes, tuve múltiples accidente infantiles, me corté medio dedo de tajo, fractura de brazo, descalabrada en la ceja, piernas espinadas, raspadas o moradas siempre, tirando todos los días el agua en la mesa; todo esto seguido de la misma cantaleta de parte de los adultos, Es que no te importa nada, eres una descuidada, nunca pones atención.

La cosa no fue mejor al entrar a primaria, tareas incompletas, tareas no hechas, materias reprobadas, en 3er año me negaron la reinscripción, cuatro cambios de escuela, boletas siempre llenas de tinta roja –hasta un 0 me saqué-, castigos, regaños, miedo de dar las calificaciones, mentiras, adolescencia, rebeldía, repetir 2do de secundaria con 14 extraordinarios, al menos tres extraordinarios por año, salidas todos los fines de semana, alcohol, la universidad, cambio de carrera a una universidad “patito”, fiestas, robarme el dinero de la colegiatura, ocho años para terminar la licenciatura, diez años para tener mi título……, toda una historia de “valemadrísmo” puro.

Pueden suponer la imagen que tenía de mi misma, Nunca voy a poder hacer nada en la vida, soy una verdadera irresponsable, ¿cómo es posible…pero de veras…cómo es posible que TODO me valga tanto? Hice mías palabras y discursos que me describían como persona, y cumplí al pie de la letra con esas creencias. Claro, no sabía cómo hacer otra cosa.
El resultado fue una depresión moderada, que no sé bien cuando comenzó, pero que tuvo su fase más aguda a los 29 años, acompañada por un diagnóstico de TDA (Trastorno de Déficit de Atención).  Bendito diagnóstico, ahí  comenzó la carrera hacia arriba. Saber que la falta de control de impulso y  “distracción” frente a la vida no se debían a mi mala voluntad me liberó de golpe de muchas culpas. Claro que este hecho no fue, ni nunca ha sido, una justificación frente a mis actos. Cumplió como una explicación que me ponía frente a dos caminos: seguir como estaba, y justificarme siempre con la credencial del trastorno, o encontrar la forma de hacerme cargo y rearmar el rompecabezas en que se había convertido mi vida.

A partir de ese momento trabajé mucho conmigo para ajustar mi vida, y mi forma de estar en el mundo; ajustarme a la posibilidad de, en ocasiones, necesitar  un doble esfuerzo para no actuar de forma impulsiva y establecer estrategias para centrar mi atención. Requerí de un gran esfuerzo personal para re-andar el camino. Así que me encontré a los 30 años empezando mi vida como una verdadera mujer adulta. En adelante he estado en una búsqueda constante de herramientas para modificar lo que no ya no necesito en mi vida, herramientas que me ayuden a cumplir mis metas.

Hoy tengo 36 años, un desarrollo profesional exitoso en mercadotecnia, soy completamente independiente y autosuficiente, y tengo  una buena imagen de mi misma, confío plenamente en mi capacidad para triunfar en la vida. El TDA es más un tema que me da para contar anécdotas, pero ya no es una limitante para mi desarrollo personal o profesional. Es más tengo jefes que me han dicho que con mi desempeño, jamás imaginarían que tengo TDA, he logrado dominarlo.
El camino no me fue fácil, y lo sigo transitando todos los días con gran satisfacción. Justo el darme cuenta de yo podía cambiar por completo mi vida, me hizo pensar que cualquier persona puede hacerlo, sólo necesita motivación personal y conocer el camino adecuado para lograrlo, de acuerdo a sus necesidades.

¿Cuándo entró el Coaching a mi vida? Hace menos de un año. Y entró como se dan las mejores cosas en la vida, en el momento justo. Me encontraba saliendo de un doloroso final de pareja. Parecía que de golpe todos mis miedos, frustraciones y demás pensamientos negativos iban a caerme de nuevo en el corazón. Así que decidí tomar un Diplomado que me recomendó mi amigo Ricardo. Por esto digo que comencé mi formación como Coach basándome en el puro egoísmo, necesitaba con todas mis fuerzas sentirme bien y mantener el balance de mi vida.
Durante los años anteriores había trabajado mucho mi historia (que no es trágica, simplemente me fue muy difícil al ser la único que he vivido), había curado algunas heridas y obtenido beneficios tangibles. Pero al comenzar este nuevo proceso me di cuenta de que seguía teniendo cabos sueltos, que continuaba actuando con información aprendida que ya no me hacia bien y me llevaba a repetir patrones que no me permitían alcanzar algunas metas personales.
Al comenzar a trabajar en este Diplomado, encontré justo el orden que necesitaba para poder establecer metas. Comprendí que la vida está basada en conversaciones que tenemos con otros y con nosotros mismo, siendo estas conversaciones las que construyen nuestra imagen personal, la imagen de las situaciones, así como la de las personas con quienes nos relacionamos. Estas conversaciones forman creencias que regulan nuestras conductas.

A partir de lo anterior, el Coaching es, para mí, la posibilidad de establecer metas en mi vida y desarrollar la capacidad de vencer las barreras para alcanzarlas, las cuales generalmente tienen que ver con creencias sostenidas en miedos o interpretaciones distorsionadas de los sucesos. Es la herramienta que me permite, desde la persona que soy hoy, convertirme en la persona en la que quiero evolucionar.

En un sentido idealista, es mi deseo y mi meta poder ayudar a las personas que lo deseen a alcanzar la mejor versión posible de sí mismas, a salir de la inmovilidad, de la zona de confort, a vencer miedos y lograr una vida plena. Mi arma, las competencias que el Coaching me ha permitido reconocer y emplear en mi misma, soy un claro ejemplo de que siempre se puede cambiar.

lunes, 31 de diciembre de 2012

2012, el año del despedorre


Así es querid@s amig@s, no encontré otra definición para el 2012. Pero momento, no vaya usted a creer que esta es una entrada de quejas, para nada. Es sólo una reflexión global del 2012.
Para hacerme más liviano este trance mejor les digo rapidito lo que si hice este año.
-  1) Pilates 3 veces por semana, muy bien logrado hasta Noviembre. El cuerpo tonificado y fortaleciéndose. No he logrado marcar mi abdomen, pero ya comencé a marcar mis brazos. Objetivo que tenía para hace un año, lo que me hace pensar que voy un año por delante en mi mente y mi cuerpo me alcanza después. El gimnasio sigue en mi vida y de verdad que a quienes no hagan ejercicio se los recomiendo ampliamente.
-  2) Cultivar hábitos de vida saludable, súper logrado. He cambiado por completo mi alimentación general, aunque en temporadas como la navideña me vuelvo loca y he comido de todo. El cambio ha sido gradual, no es una dieta, no es un sacrifico, es un cambio de hábitos que además se refleja bien en mi organismo y me estimula a seguir adelante.
De lo demás ni hablamos, ¿para qué flagelarme o disculparme? Díganme ustedes ¿PARA QUÉ? Mejor pasamos directito a la reflexión del año “del fin del mundo”.

Ya les digo que fue un despedorre. No sé describirlo de otra forma, raro, confuso, denso, en fin, no me sentí a mis anchas en este 2012. Es que no sé cómo hacerlo sin quejarme, porque no quiero que suene a queja, sólo siento que en un balance general me costó más trabajo que otros años. Es un tema más personal que de las circunstancias. Siento que tomé malas decisiones en algunos aspectos que me han tenido decaída. El más importante y que rige en general es que no me gusta la casa a la que me cambié. Imagínense ustedes viviendo en un lugar que no les gusta, es como renegar de a poquito diario y eso me ha dado un bajón. Parece una cosa simple, sin embargo para mí que soy hogareña es tristísimo, con decirles que ni adorné de Navidad. Me siento estancada y atrapada, situación que se ha manifestado en otra áreas de mi vida.
Ahora, ¿qué es lo bueno de esta situación? Que me obliga a moverme, a buscar alternativas y recursos para compensar; además de poder comprobar que mi mente si se ha instalado en un pensamiento positivo diferente al de otras etapas de mi vida. Lo veo como una pruebita apara ver si deveritas deveritas  he transformado un poco mi pensamiento y visión sobre las cosas.

Vámonos a lo bueno del 2012.

Ver como mi vida se está organizando en sintonía con un estilo de vida más saludable al que tenía antes.  Durante unos meses mi hermana, que es health coach (la pueden seguir en Twitter en @lucianavazquez) me hizo mi menú diario con comida saludable y todo mega orgánico. No saben el cambio de organismo, vitalidad y balance. Lo mejor es que no fue un sacrificio porque siempre comía delicioso y no es que eliminará cosas de mi alimentación, más bien las sustituía con mejores opciones. Eso me permitió bajar de peso (no era una gorda pero me estilicé más), además de continuar con mi rutina semanal de ejercicio. Para esto me cambié a un club más en forma, me inscribí al Sportsworld (http://www.sportsworld.com.mx/) y lo recomiendo ampliamente. Mi rutina ahora es Pilates, pesas, estoy comenzando con una clase de Body Balance muy buena y natación. Voy 3 veces por semana y si  puedo 4. Créanme, si yo he logrado esta disciplina ¡CUALQUIERA PUEDE! No movía un dedo ni en defensa propia, nadie me creía hasta que poco a poco han visto los resultados y ahora me dicen “es que si te cambió el cuerpo, es que cómo le hiciste” Lo hice de la única forma que se puede ¡CON DISCIPLINA! ¡A mover las carnitas!

Comencé a tomar clases de Kabbalah. Esto para seguir estimulando mi mente y mi alma. Ni crean eh, apenas llevo 4 clases. Fíjense que no les he contado que mi mamá es astróloga, numeróloga, cabalista y demás. Mis amigas le dicen “La bululú” porque siempre sale con algún comentario sobre el Universo y los planetas. El caso es que hace años le traduje completitos unos libros de astrología cabalista y “El Zohar”. Yo lo hice para ganarme una lana, sin embrago me quedé con muchas de las ideas que traduje. Hace poco mi amiga Lauri me contó que estaba en clases de Kabbalah y me latió la onda. Pues ha sido maravilloso darme cuenta que aquello que traduje hace tantos años se quedó dando vueltas en mi mente hasta que estuve lista para tener una mejor comprensión de los significados cabalísticos. No les cuento más porque apenas comienzo pero creo que estoy en un umbral positivo (creo que nunca les he platicado de mi idea de los Umbrales, otro día se las comparto).

Cambio total de look. Ya les chillé hace como dos entradas de mi corte de pelo. Resulta que ahora me gusta mucho, me siento súper a gusto con él. Y lo estoy tomando como símbolo de un cambio personal que se ha unido al hecho de que regresé a terapia. Soy psicóloga (no sé si les había contado), y como tal considero importante tener un espacio personal de reflexión y acomodación. Me fascina el estar entrando de nuevo a las partes inconscientes de mi mente y mi corazón, explorarme para seguir resolviendo situaciones que me hacen sentir mejor. Es revitalizante soltar los brazos y dejar que se caiga lo que no tiene razón de ser o estar.

Retomé mi consultorio. Esto sin duda es una de las más grandes satisfacciones de este año. Durante años di terapia emocional a niños y adolescentes, pero desde que comencé a trabajar en marketing lo dejé. Por diferentes circunstancias este año me han llegado pacientes, a algunos lo he podido atender, pero a otros no por el horario. Retomé mi consulta los sábados, lo que limita mis posibilidades de atención. No importa que sea sólo un día a la semana, esto me ha dado grandes alegrías al reencontrarme con una actividad que amo. Aún cuando en marketing me ha ido bien y he tenido grandes satisfacciones, nada se compara con la posibilidad de ayudar a un niño o adolescente a expresar sus emociones y acomodar sus situaciones de forma tal que pueda ser más feliz.

Me compré una tele. Jajaja, síiiiiii, ¡me compré una tele! No están ustedes para saberlo, pero yo sí para contarles que no tenía tele. ¿Para qué si no la veo? Tan no la veo que lleva un mes en su caja en mi sala. Lo importante es que tengo tele nueva 


Pues así bajita la mano este fue mi 2012.  ¿El de ustedes cómo estuvo?
¿Planes para el 2013? Mejor me quedo también en calma dejando que germinen semillas que espero haber sembrado en terrenos fértiles, pero eso sí, vengo renovada para el 2013 

martes, 23 de octubre de 2012

Para que no se queden con el pendiente


No quiero que luego digan que nada más los preocupo y no les comparto las segundas partes de mis “lamentos” ¡ja!
En mi última entrada estaba saturada, con ganas de irme a la playa para aventar los tacones, ponerme chanclas y cargarme con la energía del mar. Tengo la buena costumbre de obedecer a mi intuición y si ella dice “detente” mi vida la obedece, así que me fui 5 días a Los Cabos a visitar a mi querida amiga Saraí, quien se portó como una súper anfitriona con su servidora.

El viaje fue de lo más reparador, el alto en el camino que tanto necesitaba. Por fin me sumergí en el mar, esa primera bocanada al regresar a la superficie es el comienzo de un viejo ritual personal. Una vez llena de agua y sal nado lo más lejos posible y me pongo “de muertito” para dejarme estar hasta que el mar me va regresando a la orilla. Durante ese vaivén mi mente se vacía, siento el agua entrando en mis oídos, escuchó las olas, admiro el cielo, disfruto de la sensación del sol y aspiro el aroma del mar. Ese es el justo momento de “quietud” en el que mi vida comienza a recargarse, es mi momento perfecto, mi “happy spot”. Este hábito me desconecta y me permite ponerme a “foreverear” tranquilamente (término personal usado para cuando mis pensamientos andan sueltos formando nuevas ideas). Mi mente es como un chícharo en cazuela, siempre está de un lado a otro pensando, reflexionando, reorganizando conceptos, buscando aprender, así que debo darle su espacio en lugar de tratar de controlarla y someterla a mi otra mente, la que lucha por amoldarse a la concreción que exige el mundo social.

En esta ocasión, además de ese ritual necesitaba un algo que estableciera claramente haber logrado mi equilibrio. Estaba a la caza de una ceremonia personal para grabarla en la memoria como el símbolo de un nuevo arranque. Para encontrar u organizar estas ceremonias personales no tengo prisa, sé que siempre acaban por llegar en el momento justo, así que mientras este acto se formaba tras bambalinas me divertí mucho.

Saraí lleva 6 años viviendo en Los Cabos, se fue para encontrarse y con este mismo fin se mudaron la mayoría de los amigos que conocí. Eso me dio pie a mi primera forevereada “todos estamos en constante búsqueda de eso que no sabemos qué es, somos capaces de recorrer grandes distancias físicas y emocionales, poniéndole la excusa de un sueño o de un lugar mejor, pero sin importar que tan lejos vamos, si es un viaje temporal o definitivo, esa búsqueda siempre acaba en el mismo destino, en el fondo del corazón. Hasta que no lleguemos a él seguiremos sintiendo la ansiedad primera que nos hizo hacer maletas para desconectarnos de la vida tal como es en ese momento” Para mí no hay más, aún así sé que es algo que tendré que recordar muchas veces. Seguro haré muchos viajes similares y llegaré a la misma conclusión. No importa, me gusta la idea de viajar y lo bueno es que cada vez recuerdo con mayor rapidez que cuando surge una ansiedad es en mí donde debo resolverla, porque no importa a donde vaya uno, las ansiedades se meten en la maleta y se pegan a la piel hasta que las resolvemos desde el corazón.
Otros temas sobre los que forevereé (se complica decidir la ortografía de un término propio) fueron: la grandeza del océano y sus secretos, la magnitud y esencia de Dios, los caminos que quiero seguir, lo que busco en una pareja, todos temas sobre los que seguro luego les contaré.


¿Qué hice para divertirme? Reírme, reírme mucho, cantar, platicar y platicar con mi amiga. Tuve un descorche de alegría, con unos amigos entre 50 y 65 años que me hicieron reír mucho la primera noche; la segunda noche cenamos con otros amigos y un comentario derivó en un ataque de risa de los que te tiran de la silla y no te importa seguir retorciéndote en el piso porque no puedes parar (no que me haya pasado, es solo el ejemplo, ya no me caigo de las sillas J). Después de este ataque he tenido varios más y me encanta la idea de seguir riéndome a carcajadas. Fui a un cantabar “nativo” llamado “Yeyengues” donde bailé con el “choyero” –nativo de Los Cabos- que amablemente se apersonaba en la mesa para sacarme a bailar y fui a una fiesta en la playa bajo una impresionante luna llena disfrazada de los 60´s.

Por fin la última noche apareció mi “acto de psicomagia”. No tuve idea que iba a pasarme hasta que sentí la piel chinita y ganas de llorar por lo conmovida de estar frente a la ceremonia que me había elegido a mí. Ese día fuimos a cenar a un HER-MO-SO restaurante llamado “Sunset Da Monalisa” http://sunsetmonalisa.com/cms/. Está en un lugar privilegiado desde donde se puede apreciar la puesta del sol con el famoso arco de Los Cabos al lado izquierdo. No hay nada que se cruce entre la terraza y el sol, NADA. Al llegar nos comentaron que hacía 3 meses habían comenzado a realizar una ceremonia en el momento justo en que se pone el sol. Ahí estábamos las dos sentaditas plática y plática, con un delicioso vino rosado, cuando 4 meseros bajaron con cuernos y se dispusieron formando un cuadrado entre las mesas, paraditos esperaron la señal.
Justo cuando un solazo rojo tocaba la montaña sonaron los 4 cuernos y todos nos callamos, los meseros fueron rotando para tocar en sentido del Norte, Oeste, Sur y Este mientras el sol se iba escondiendo. Al terminar el ritual de los cuatros puntos cardinales sonó un “¡GONG!” que me retumbó en el alma entera, ahí fue cuando supe que, sin importar ninguna explicación lógica, ese ritual había sido concebido para mí. Al sentir retumbar todo mi cuerpo reconocí mi voz interna diciendo “estás lista”. Me volteé con Saraí y le dije “esto era la último que me faltaba para regresar renovada”, y así fue, regresé renovada y tranquila.
¿Qué pasó con mis relámpagos de Agosto? Lo mismo que pasa con cualquier otro relámpago, con el tiempo perdieron fuerza e impacto.

Relámpago laboral. Una semana antes de irme de vacaciones me encerré para hacer el reporte del proyecto complicado. Lo presentamos regresando de vacaciones, recibimos felicitaciones y una cita para establecer las formas de trabajo para el próximo año. Claro que la vida siempre trae más y los retos laborales se presentan con cada nuevo proyecto, lo importante es entrarle con actitud.

Relámpago habitacional. Nada que al pasar de un año no se pueda resolver. Elegí rápido y con el estómago, hay cosas que no me encantan, pero he decidió honrar mi nuevo hogar por las metas que gracias a este cambio podré alcanzar.

Relámpago de pelito corto. El corte se ha ido acomodando con el tiempo, lo bueno es que me crece rápido. Muchas personas me dicen que me veo mejor que antes (empezando por mi mamá, jaja). Incluso Lacho, -un ex galán que hoy es un gran amigo (siempre trato de conservar los cariños que no llegan a más)- me dijo “nunca te había visto tan guapa como ahora”. Les pondría una foto, pero la chispa de mi personalidad se aprecia mejor en vivo ji. También recibí un mensaje casual cuando abrí la libreta en la que anoto las frases que me gustan de los libros que leo y me encontré lo siguiente: “no existe mujer bonita, cuya belleza haya sido hecha sólo por la naturaleza. Existe, sí, la sensación de la belleza” (Mia Couto, Venenos de dios remedios del diablo) http://revistacritica.com/vigilia/venenos-de-dios-remedios-del-diablo-las-incurables-vidas-de-villa-cacimba-de-mia-couto

No existe un camino correcto con coordenadas exactas ni exento de bifurcaciones confusas. Existe, sí, la sensación de caminar en la dirección correcta ….