domingo, 13 de febrero de 2011

Encontré ángeles entre la basura

 
Un martes cualquiera, 6:00pm. Me retiro a mi casa para descansar después de concluir -más o menos- 100 horas de trabajo. La sensación era de libertad, el trabajo estaba terminado, únicamente había que generar un reporte para enviarlo al cliente el jueves a las 12pm.

Miércoles 10:00am, pienso ya va a llegar Roberto para ayudarme a hacer el reporte, ¿dónde dejé los documentos? Un breve instante de pánico, frustración e irritabilidad se apoderó de mí conforme me daba cuenta que no tenía los papeles. Búsqueda y más búsqueda, conclusión: los papeles se tiraron a la basura el martes en la tarde y el camión pasó, puntual como todos los días, el miércoles a las 7:00am. Era oficial, sentía que empezaba a volverme loca.

Tomé aire mientras notaba que me encontraba en el umbral de decidir por un colapso nervioso o tomar el asunto con filosofía y pensar en una solución, me fui por la segunda opción. Rápidamente me pregunté ¿qué es lo peor que puede pasar?, la respuesta fue que me corran, y siendo sumamente reflexiva concluí que podría resolverlo, así que me puse en modo de relajación para idear un plan que me sacara de  la broncota en la que me había metido por distraída. Mi plan consistía en buscar el camión que recoge la basura y meterme en sus entrañas hasta encontrar esas 100 horas de trabajo, las cuales no habían sido únicamente mías.

La aventura comenzó a las 10:30am cuando me topé con el primer camión de basura que contactaría durante las siguientes horas. Había dos chavos vaciando botes, me acerqué sin saber bien cómo explicarles mi problema, así que seguro habló con ellos mi versión loca. La primera frustración fue que me vieron como si estuviera loca, uuuuy, ese camión tira bien temprano, seguro esa basura ya va camino al bordo. Controlando de nuevo las ganas del colapso les dije me vale que esté en el bordo, si tengo que ir a esculcar allá, voy a ir, ¿quién de ustedes me lleva? les pago el día. Nada, siguieron subiendo la basura.
Justo en ese momento se bajó del camión el primer y más luminoso ángel del día, Don Antonio, quien era el conductor. Se acercó para ver qué pasaba, le conté mi historia y me dijo usted no se preocupe, ahorita encontramos ese camión y con suerte todavía trae la carga. Acto seguido, se quito el uniforme sucio, fue a buscar su celular y me dijo vámonos. En ese momento lo amé, lo amé por su buena voluntad y por la esperanza que sintió mi frágil corazón.

Lo primero fue identificar qué camión pasa todos los días por la basura. Después de dos llamadas, sabíamos que era el camión del primo de Don Antonio, ya la hicimos, mi primo Alfredo siempre se va después a la Anzures, váyase por Mazaryk, cruzamos Thiers y por ahí lo vamos a encontrar. Alivio, respiración y latidos tranquilos, la suerte estaba conmigo porque yo estaba con Don Antonio. Cómo lo mío es la conversación con cualquiera que se atraviese en mi camino, comenzamos a platicar. Me contó algunas historias de personas que habían tirado cualquier cantidad de cosas en la basura y que él había ayudado. Yo cuando puedo ayudo, esta ciudad sería otra cosa si en lugar de estarnos peleando buscáramos ayudarnos, juro que vi ligeras alas traslúcidas asomándose por sus orejas.

Una vez en la Anzures paramos a un barrendero -segundo ángel-, y me asombró darme cuenta de lo bien organizada que está la red, todos tienen el teléfono de alguien que sabe por dónde anda quién y qué vio pasar en tal calle al camión X. ¿Sabes dónde anda el Alfredo? gritó desde el coche. El barrendero se asomó, identificó a San Antonio, hizo una llamada, le dieron un teléfono al cual marqué para hablar con uno de los chavos que trabaja con el señor Alfredo. Me dijo que estaban sobre Gutenberg y fuimos más rápidos que veloces. Cuando vi el camión me tranquilicé, pero no sería tan fácil.

Don Antonio le explicó a su primo mi problema, pero no me podía ayudar. El camión del Sr. Alfredo se había descompuesto el lunes por la tarde y justo lo acababa de sacar del taller, su ruta la había hecho ese miércoles otro camión. Volvió a mí la desesperación pero San Antonio seguía en calma, cosa que me relajó ya que él era el experto en rescates de este tipo. Se hicieron más llamadas hasta que logramos ubicar al tercer camión del día, nos esperaba sobre Homero frente a Liverpool. Eran más o menos las 12 pm cuando de nuevo sentí que pisaba la gloria al leer las placas 1086CF, pero insisto hubiera sido muy sencilla la vida y poco relevante para mí la aventura.

En este camión no venían ángeles, venían seres enviados para hacérmela difícil.
Una vez expuesta la cuestión me confirmaron que sí, en efecto, ellos traían las bolsas que yo buscaba pero no seño, esas bolsas están hasta abajo y no va a poder revisarlas por qué nosotros tiramos la carga directo en el tráiler que la lleva al bordo y ahí no la van a dejar meterse, es imposible, mejor resígnese ¿era muy importante lo que busca? Yo ya no sabía qué tan importante era lo que buscaba, ¡sólo sabía que haría todo lo posible para salirme con la mía y revisar la basura de ese camión! Empecé con mis argumentos, me parecía increíble no poder hacer nada más. Cuando salí de mi euforia por convencerlos noté que San Antonio me hacía señas, por el sol no pude distinguir si eran sus manos o sus ya brillantes alas, me indicaba que fuera hacia él y dejará de discutir. Lo obedecí con temor y sorpresa, ¡ahí estaba la carga, mis papeles estaban en ése camión! Además necesitaba apurarme porque el dead line para la entrega con el cliente no era negociable.

Me subí al coche y le dije ¿¿¿ahora qué??? Demasiado tranquilo me contestó ahora vamos con los que deciden, usted no se preocupe, si ellos traen sus basura yo la ayudo a que la dejen revisar el camión. Yo estaba sumamente sorprendida por la solidaridad y el entusiasmo que le estaba poniendo a mi asunto, pero tampoco sabía a dónde mi iba llevar, así que con todo el agradecimiento decidí también tomar precauciones. Le hablé a Roberto (tercer ángel del día) para pedirle que me acompañara al viaje con rumbo desconocido.
Parecía cuento del Mago de Oz, nos íbamos sumando personajes en el camino.

El destino final fue la estación de transferencia de basura de Tecamachalco. Don Antonio realizó su última labor del día para esta alma tan distraída que a veces toma posesión de mi mente. Habló con el encargado, a quién no calificaría como ángel, más bien sería algo así como un personaje obediente con buena voluntad. Nos autorizó que el camión 1086CF descargará en una explanada fuera del tráiler para que pudiéramos revisarla. Concluida su labor, me despedí de San Antonio después de bajarlo a la lateral del Periférico para que regresara a su reino del “bienhacer”. Obvio le di una propina, y cuándo le extendí los billetes, verdaderamente le creí con todo mi corazón cuando me dijo no se moleste, no es necesario. ¿Cómo no iba a ser necesario?, la bondad se paga con la moneda de cambio que cada persona traiga al momento de despedirse de aquel que da ayuda desinteresadamente.

Mi fiel escudero –Roberto- y yo regresamos a la estación de transferencia, nos apostamos en la banqueta y esperamos. Alrededor de la 1:45 pm se acerca el encargado y me pregunta Oiga, me dicen que ese camión no descarga aquí, que tira su basura en la estación de Azcapotzalco. Pánico, frustración, coraje ¿cómo tan tarada no contemplaste que puede haber muchas estaciones para dejar la basura?, ¡tanto tiempo perdido!, ¿y si ya tiró en otro lugar? pensaba sumamente irritada conmigo. Resulta que había tres estaciones posibles, Tecamachalco, Azcapotzalco y Álvaro Obregón. Pregunté si tenían el teléfono de los otros tiraderos o si había alguna forma de monitorear la descarga de los camiones. Uy no, no tenemos teléfonos, nada más que vayan a ver allá.

Roberto y yo empezamos a planear quién se quedaba y a dónde iba el otro a buscar primero al camión. Regresó el sudor frío y el tercer intento del colapso nervioso por ganarme la batalla parecía que iba a tener éxito. Justo en ese momento llegó el siguiente ángel. Era hora de cambiar de turnos en la estación. Esteban es el encargado de la tarde,  pero sobre todo es bastante más pensante y amable que el anterior. Le explicamos el tema, ahorita hablamos a la central, me dijo entre cantos de arcángeles. Habló, y le dijeron que hasta esa hora no había reporte de ese camión. Yo estaba verdaderamente angustiada cuando Roberto me dice ¿qué placas buscamos?, ¡ahí está el 1086CF!

Benditas placas, bendito carruaje, bendito el esfuerzo, ya estaba a unos metros de la meta. Los tripulantes del camión se me quedaron viendo de forma no muy grata, de menos deben haber pensado pinche viaja loca, ¿qué hace aquí? Supongo que los tomé por sorpresa, pero no me conocen, no saben lo persistente, por no decir necia, que puedo llegar a ser. Al bajarse estaban renegando y diciendo que iban a descargar en la caja del tráiler y yo a punto de comenzar a explicarles del permiso cuando el encargado me dijo espéreme tantito, yo lo arreglo. Discutieron, pero al final movieron el camión para descargar en la explanada. Obvio esto resulta mucho trabajo para todos ya que después deben arrastrar toda la basura hacia la caja, pero ya había quedado establecida una propina.

Por fin la basura estaba cayendo a mis pies, nunca me había sentido tan feliz de ver tanta porquería tan cerca de mí. El primer impulsó fue meterme y comenzar a romper las bolsas cuando un coro angelical me gritó ¡nooooo!, nosotros lo hacemos, usted sólo nos dice si ve lo que busca. Entonces se dejo venir un manojo de ángeles, todos armados con guantes, palas y trinches. Deshicieron bolsa por bolsa, sacaron y re sacaron todo tipo de cosas, pero nada, no había señal de mis papeles. Supongo que mi cara reflejaba la decepción porque el encargado me dijo no se preocupe, ya mandé traer la máquina. Otro ángel apareció tras el volante de un tractorcito, metió la pala al montón y dejo caer poco a poquito toda la basura para que pudiéramos distinguir los papeles, lo hizo con todo el monte. A estas alturas no sé cuántos eran, pero todos estaban verdaderamente concentrados en buscar esas hojas.


Nada, no encontré nada. Mis hojas deben estar en el hoyo negro que se traga las cosas que necesitamos perder para obtener lecciones de vida. Podría haber regresado frustrada y mentando madres, pero me encontré con una aventura divina.
Jamás había dedicado un pensamiento a la gente que trabaja alejando de mí la basura, pero supongo que en caso de haber pensado en ellos habría imaginado a personas enojadas con la vida, odiando su trabajo, resentidas. Para mi sorpresa encontré gente maravillosa, con actitud positiva, dispuestos a escuchar un problema y a trabajar en equipo para lograr un fin común, educados en su trato y sobre todo gente trabajadora. Tal vez, desde mi punto de vista, no tienen el mejor trabajo del mundo, es más pienso que tienen uno de los trabajos más desagradables, pero eso no importa, lo hacen bien. Hacen bien su trabajo, cosa difícil de decir de muchas otras personas y además se toman el tiempo para ayudar. No importa la propina o la no propina, tampoco les dejé tanto como para haber actuado por el dinero, lo que me importa es que ayudaron.

¿Qué pasó con la información que perdí?
Otro ejército de ángeles, Roberto, Paola y 4 personas del equipo de trabajo, se tomaron la molestia de ayudarme a reconstruir el reporte. Mágicamente lo logramos, teníamos la información en notas desestructuradas, pero de nuevo me encontré con la buena voluntad para ayudar con entusiasmo y cooperación.
Mi lección es el no juicio, la humildad, la cooperación desinteresada, la calidad humana y el trabajo en equipo. La buena noticia es que no somos ni estamos solos, hay seres de luz en todas partes, sólo necesitamos estar atentos para reconocerlos.

domingo, 23 de enero de 2011

El pozo de lo innecesario

Pasaba de la media noche cuando su corazón tomó el mando. No pudo darse cuenta de la situación, estaba absorta en un delicioso sueño. Mientras dormía, él se despertó, y poco a poquito se desprendió del sueño. Ella se veía en una playa, el mar es su lugar favorito del Universo. Recostada bajo el sol disfrutaba profundamente la sensación del calor llenando cada poro, sonreía. Ante tanta felicidad él supo que era el momento adecuado para actuar, ya estaba lista.
Esperó la escena en la que ella se levantaba para caminar hacia el mar, sabía que nada la haría despertar al sentir el impacto del aire fresco sobre su piel. Estaba emocionada, se encontraba parada en la orilla y tenía el presentimiento de que algo bueno iba a pasar, no sabía qué ni cómo, sólo que algo bueno la esperaba mar adentro. Entonces, sin hacer ruido, y con mucho cuidado, él salió del cuerpo. Una vez entre sábanas y cobijas se acercó a la cara. Al verla se hinchó un poquito, era sólo que la quería tanto, por eso sabía que tenía que proceder.
Debo apresurarme, pensó, los sueños no duran toda la noche y yo necesito dejar esta carga en el pozo de lo innecesario. Había llegado la hora de expulsarla, por eso se dirigió con determinación hacia su destino. Antes de perderse dentro del vestidor volteó a verla y sintió su alegría. La vio sumergirse en el mar, pocas cosas le resultaban tan reparadoras como sentir la piel rodeada por agua mientras se mecía con las olas. No había duda, consideraba al mar uno de sus más grandes amores, herencia de  su abuela.
Encontró la puerta de ese cuarto cerrada, aún así  sabía que no podía echar atrás. Empujó con la voluntad de quien sabe que está por llevar a cabo un acto de valentía, nunca se había visto empujar a un corazón con tanta determinación. Una vez abierta se arrastró por el pequeño tramo entre la puerta y el inodoro. Al ver la tapa del escusado levantada pensó en su suerte; ella tiene por costumbre dejarla abajo, cosas del feng shui. En algún lugar escuchó que si quedaba arriba se iba el dinero.
Para llegar a su destino –el escusado-, trepó por el mueble del lavabo. Al llegar a la cima calculó con cuidado el salto exacto para no caer dentro del agua, sería trágico. Concentrado, dio un pequeño brinco para situarse de forma perfecta en el lugar adecuado y así  poder desechar la carga que tanto le pesaba ya.
Aquí comienza el verdadero esfuerzo, se dijo al tiempo que buscaba el balance perfecto para inclinarse sobre el pozo de lo innecesario. Una vez equilibrado comenzó su labor. Primero distendió todo el cuerpo lo más que pudo para después contraerse por completo, era como si quisiera tocarse el centro con toda su masa, en simples palabras, se estaba exprimiendo.
Una contracción, dos contracciones y por fin a la tercera pudo sentir como algo traspasaba su membrana desde el interior. Lentamente comenzó a asomarse la inicial del nombre que ya no necesitaba recordar. Era una letra mayúscula y dolía mucho, sobre todo porque era la primera vez que un nombre se había clavado tan profundamente y, como bien sabemos, las primeras veces siempre duelen más. Conforme salía la letra, gotas de recuerdos la acompañaban hasta el agua. Éstas contenían el primer beso, los besos largos antes de atreverse a abrirle el cuerpo, todos los besos del fin de semana en el que hicieron por primera vez el amor, y al final escurrió hasta el último beso, ése que después supo a traición.
Desechada la mayúscula volvió a la carga. Se  contrajo de nuevo varias veces hasta que logró sacar la segunda. Ésa, al ser redonda, costó más trabajo. Tuvo que apretarse por completo para que la redondez rompiera el músculo y comenzara a salir. Con ella gotearon hasta el fondo el primer te amo que escuchó con absoluta sorpresa, todos los demás te amo que guardaba en su memoria, incluso fueron expulsados aquellos que no tuvieron tiempo de decirse.
Necesitó un momento para tomar aire y emprender contra la tercera. Desde la oscuridad se podían apreciar diminutas gotitas de sangre sobre toda su membrana, suponemos que era el sudor causado por el trabajo físico. Vamos, pensó, una vez que salga ésta sólo faltará una letra más. Se inclinó hacia delante estrujándose de nuevo. ¡Auch!, gritó, venía con acento, al parecer los acentos lastiman profundamente al salir. Detrás de  la norma ortográfica por fin salió la que parecía gusanito, junto con ella cayeron las sonrisas en la primera cita, las carcajadas cuando la torturaba haciéndole cosquillas, las risitas con las que se divertían al desabrochar los botones, la alegría que siempre encontró en los ojos de él al mirarla.
Sólo queda la última letra, ¡qué alivio! Pero ésa también lastimó al salir. Era larga, delgada y filosa como el acento. El corazón apretó fuerte mientras llovían caricias tiernas, manos entrelazadas, nudos de piernas por las noches y un montón de abrazos por la madrugada, esos que se dan los que se aman cuando aún dormidos necesitan acunarse con el otro. Una letra tan larga cargaba largos recuerdos.
Al contar cuatro letras fuera suspiró aliviado, había terminado. Pero justo en ese momento sintió algo en su interior empujando por salir. Se extrañó, estaba seguro de haber tirado el nombre completo, sabía que con eso era suficiente, el apellido nunca ha sido necesario. Atónito se dobló ante una fortísima contracción, pero esta vez fue algo automático, no tuvo que realizar ningún esfuerzo. Cuando se dio cuenta ya habían salido seis letras que pudo distinguir hasta que cayeron al agua. Se asomó y sonrió, le pareció un detalle clásico leer en fina manuscrita la palabra "cabrón". Hasta para decir groserías hay que tener estilo, se dijo divertido.
Una vez limpio de nombre y descripción caminó con cuidado sobre la taza hasta alcanzar la palanca y jaló con la gran decisión que tienen los corazones firmes. Con júbilo observó el torbellino formado por letras, gotas y recuerdos. Lo que más llamó su atención fue el ímpetu con el que chocaron destruyéndose unos a otros. Entonces vino el mágico final. Una fuerza que parecía venir desde el centro de la tierra absorbió todo por el pequeño espacio que se lleva lo que el cuerpo desecha, aquellas sustancias que ya no necesitamos para vivir.
Satisfecho por el esfuerzo alcanzó el piso de un brinco. En ese momento volvió a conectar con ella, se preocupó al sentir que el sueño estaba por terminar. Sería mortal que despertara sin él. No hay tiempo, pensó, y salió lo más rápido que pudo del bañó para dirigirse hacia la cama. Trepó de forma ágil, claro, todo lo ágil que puede hacerlo un músculo. Al encontrarse de nuevo entre sábanas y cobijas buscó el pedazo de piel por el cual se reincorporaría al cuerpo. Le fue fácil encontrarlo. Aunque nos sorprenda, la piel que cubre al corazón continúa palpitando cada vez que éste decide tomar el mando, debe ser por la inercia de tantos años trabajando acompasados. Una vez en su lugar se dejó llevar de nuevo por el sueño, sintiéndose satisfecho de volver al organismo que tiene el placer de mantener con vida.

Al amanecer ella despertó y se levantó enseguida, se dirigió al baño, pero fue a medio camino cuando lo notó. Algo raro estaba pasando, ella nunca se levantaba de la cama antes de dar al menos diez vueltas buscando excusas para dormir, siempre justificándose con el cinco minutos más y ya. Ese pensamiento fue el que la distrajo de notar que la puerta, que deja emparejada con cuidado todas las noches, estaba abierta.
Mientras se arreglaba pensó que tal vez se sentía tan alegre por esa nueva ilusión en su vida, sin embargo no le pareció suficiente razón. Buscó en la mente, en el cuerpo, hasta que por fin se le ocurrió asomarse al corazón. Revisó bien, pero nada, no encontró nada, simplemente no volvió a pensar jamás en…., en  eso que no podía recordar. Lo que tenía claro es que, por alguna razón, de nuevo en su vida cada cosa estaba en su lugar.

martes, 28 de diciembre de 2010

36 años, 36 aprendizajes

Cumplir años es uno de los momentos del año que más disfruto. Para mí son 365 días nuevos, todos sin estrenar y listos para crear cualquier cosa que quiera, pero también significa reflexionar sobre mi paso por la vida.

El 13 de julio cumplí 36 años y estos son 36 aprendizajes que me acompañan:


1) Los malos momentos son sólo eso, momentos. No se quedan para siempre y depende de uno salir de ellos más tarde o más temprano.
2) La familia y los amigos son siempre lugares seguros para divertirse, llorar y disfrutar la vida. Deben procurarse, mostrarles el amor que les tenemos y la importancia que tienen en nuestras vidas.
3) Vivir con TDA puede ser un problema convertido en tragedia o un detalle diferenciador que puede controlarse y usarse a favor. Es importante valorar que se es una persona inteligente, lo otro es sólo un detalle original de la mente.
4) La estabilidad, fortaleza y madurez emocional requieren mucho tiempo, esfuerzo y valor para hurgar en el pasado y resolverlo. Una vez que logras tenerlos son fuertes pilares de vida.
5) Los papás no siempre cumplen lo que prometen, y a veces puedes no estar de acuerdo con ellos, pero harían hasta lo imposible por darnos aquello que nos hace felices. Agradezco a los míos por todo lo que me han dado, los amo.
6) Ninguna mujer (u hombre) debe de luchar “contra viento y marea” por el amor de nadie. El amor es un acto de voluntad y compromiso personal. No puedes amar a quien te daña, eso es acomodarse en carencias emocionales previas. Nadie puede darte ni provocar en tu corazón lo que tú no tienes.
7) Es más fácil actuar de forma errónea que de forma asertiva, por eso el esfuerzo de ser inteligente emocional e intelectualmente es tan grande. Es en los momentos difíciles cuando uno debe mostrar de que madera está hecho.
8) “La vida es mejor cantando”. Sin duda cantar y bailar son la mejor actividad para estimular la glándula de la alegría (más sin son rolas de los 80´s y 90´s tipo Yuri, Laureano Brizuela, Pablito Ruiz, etc.)
9) El crédito es el demonio. Las lecciones para tener finanzas sanas han sido duras, pero lo más importante es ir aprendiendo. Mi abuelo decía que si guardas durante toda tu vida, al menos, el 10% de tu ingreso mensual nunca te faltará nada. Me parece un buen consejo.
10) Trabajar con niños es físicamente agotador pero revitalizante para el alma. Yo soy buena trabajando con ellos, me divierto de forma increíble. Es importante hacer lo que a uno le gusta, por eso tengo que preparar el camino de regreso a ser “Miss Gaby”.
11) Un hombre separado es un hombre casado. No importa si ella le fue infiel un año o veinte o si él le pegó a ella, no hay historia que valga, separado es CASADO.
12) Si metes el dedo a una puerta de madera cuando se va cerrando, lo más probable es que te quedes con sólo la mitad del dedo en tu cuerpo. Lo aprendí a los 3 años. Aunque el aprendizaje debería ser nunca dejar a los niños jugar a cerrar y abrir puertas.
13) Los papás no nacieron siendo mamás y papás, también son hombres y mujeres con historias, miedos, dolores y demás vivencias que han tenido que resolver a la par de ir encontrando la mejor forma de educar a los hijos. Cualquier cosa que piense que “me hicieron” mis papás ya pasó, ya no soy una niña, o lo resuelvo o lo padezco.
14) Es mejor no tomarse la vida tan en serio. Hay que ser adultos sin dejar de divertirnos como niños cuando la ocasión lo amerita.
15) Soñar sin planear ni proyectar es una actividad muy entretenida pero con pocos resultados. Más vale tener una meta que un deseo.
16) Ser 100% independiente es la mejor sensación del mundo. Nada mejor que la independencia económica y emocional. Eso te hace ser 100% responsable con tu vida y tus decisiones.
17) Fobia y U2 son los mejores grupos del mundo mundial del universo. En consecuencia Bono y Leonardo de Lozanne son los hombres más sexis del mundo, no importa que diga la revista People.
18) La vida es para disfrutarla, no para sufrirla. Hay que desechar lo más pronto posible todo aquello que nos provoca dolor. Nuestra responsabilidad personal es ser felices, siempre cuidando de no dañar a otros.
19) Si no cuidamos nuestro entorno éste no nos cuida a nosotros. El compromiso es indispensable para poner nuestro granito de arena en pro del medio ambiente.
20) Leer es una hermosa actividad. Te permite descubrir mundos nuevos, formas de pensamiento diferentes, historias increíbles, es uno de los mejores compañeros de vida, si lo compartes con amigos la experiencia es más enriquecedora aún. Disfruto enormemente mi círculo de lectura de los lunes.
21) Actuar con buena voluntad siempre trae sus recompensas, aunque a veces de flojera o implique sacrificios personales. Incluso cuando sientas que algo es injusto contigo y tengas ganas de hacer algo terrible, la buena voluntad es la mejor opción. Claro, sin ser un tarugo.
22) Lo que se considera naco es sumamente divertido. Mi amigo Peter diría “entre más corriente más ambiente”. Basta con que alguien muestre diversión frente al naco-estímulo para que todos se emocionen.
23) Llegar a los 36 años con condiciones de vida completamente diferentes a como imaginaba hace 10 años (básicamente soltera) no me preocupa tanto como hace algunos años. Dios proveerá al buen hombre, mientras tanto puedo convertirme en una mejor mujer. Aunque a veces pienso que me lo deben estar tejiendo a mano :).
24) Decir una mentira es fácil, pero sostenerla y salir airosa es imposible. La verdad siempre sale a la luz y hay pocas cosas que lastiman tanto como la deshonestidad, que siempre va ligada a la cobardía.
25) Depresión y comida juntas son una bomba que puede jalarte a un pozo muy hondo. Lo mejor es combatir la tristeza con ejercicio y una actitud positiva. La tristeza y el enojo no aguantan por mucho tiempo “la buena ondez”.
26) Si no lavas, o de menos enjuagas, los trastes después de comer cuesta mucho trabajo lavarlos después. Esto también aplica si decimos que cada trabajo que no haces bien desde la primera vez, por flojera o desidia, tendrás que repetirlo muchas veces más.
27)Toda persona enojada o considerada como mala tiene un gran dolor detrás que le impide ver con claridad y si te enrolas….. te friegas. Es mejor dejar ir, el karma termina por acomodar las cosas en su lugar.
28) La constancia es mejor que la intensidad momentánea. Esto aplica para el amor, el desarrollo profesional, la amistad, para todas las áreas de la vida. Bien dicen que “la llama que arde con doble intensidad, arde por la mitad de tiempo”.
29) No pasa nada cuando no entiendes algo y preguntas “¿por qué?”. Muchas veces te sorprende que nadie sabe la respuesta cuando otros parecían muy seguros sobre el tema. Más vale una pregunta a tiempo que hacerte el muy fregón y regarla.
30) Cualquier cosa que quieras lograr en la vida requiere disciplina. “El único lugar en el que éxito aparece antes que trabajo es el diccionario”
31) Si no tomas decisiones a tiempo, las decisiones terminan por tomarte a ti, y claro luego está uno quejándose. Todo en la vida tiene el tiempo correcto hay que aprovecharlo porque éste nunca regresa.
32) Las decisiones no deben tomarse bajo la influencia de enojo, miedo, desesperación, coraje, tristeza. Hay que sentir las emociones, saber administrarlas, ponerlas en su lugar y entonces decidir con perspectiva.
33) Indiscutiblemente prefiero ser feliz, sentirme alegre a estar triste y deprimida. No puedo controlar lo que pasa en la vida, pero si puedo decidir la forma en la que la enfrento. Decido enfrentarla sin miedo y con amor para ser feliz. (No siempre me sale, pero al menos el intento si lo hago).
34) Apenas 100 años de vida alcanzarán para disfrutar todas las cosas hermosas que hay a nuestro alrededor. Hay que aprovechar y  buscar ser felices TODOS los días.
35) El cerebro es un músculo muy poderoso, hay que estimularlo constantemente para que siga fortaleciéndose. Es importante tener una vida propia con intereses que cultivar, que hagan trabajar la mente, esto siempre la mantendrá joven.
36) Friends es la mejor serie del mundo y Fernando Colunga es el gusto culposo más “sabroso” de la vida.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Nada más cierto que la sabiduría popular



Comentan por ahí que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, para ser sincera yo pensaba que esa era la más vil y pura de las mentiras. Permítanme les explico porqué:
De niña yo era bien, pero bien mentirosa, No me dejaron tarea… ya la acabé… yo no me comí el pastel –me atrevía a decir con la boca aún embarrada de chocolate-  yo no fui, fueron mis hermanos… ya me acabé la comida… hoy no me dieron las calificaciones… sí hice la tarea pero se me olvidó en mi casa… se cayó solito, yo no lo rompí.
Y borracha….., bueno, puedo inventar las mejores historias del mundo. Exageró anécdotas, me convierto en súper heroína, juro, prometo, invento chismes, niego hechos con la desfachatez de un niño, en fin, ya saben a qué me refiero.

Pero ¿qué creen?... que desde el otro día me da la gana creerme completito ese dicho.

Después de una semana muy atareada necesitaba irme de fin semana de menos a Cuernavaca a un spa. Como era puente no encontré ningún buen lugar que tuviera espacio, así que me fui a un hotelito con una amiga. Al llegar no me pareció muy cómodo que hubiera varios niños, pero yo necesitaba descansar y eso iba a hacer.

Después de instalarnos en el cuarto, bajamos a la alberca en traje de carácter, entiéndase bikini. Al no tener nada mejor que hacer comenzamos la típica rutina femenina, nada tan de mujeres como criticar la lonja propia.
Yo le conté a mi amiga como había pasado por todas las etapas; el bikini grande para taparme, usar playerita de tirantitos para estar cómoda, traer pareo todo el tiempo, comprarme traje de baño completo, hasta que regresé a los bikinis chiquitos, esos que podía ponerme libremente a los 18 años. Ya me asumí con mi pancita- le dije con toda tranquilidad- y además me he dado cuenta de que mientras más chiquito el bikini menos es la carne que aprieta. Respire profundamente al terminar de decir esto y, con la soltura que da la edad, seguí tendida panza para arriba lonja para abajo disfrutando del sol.

Continuamos platicando muy a gusto de nuestros defectos corporales, revisándonos y destazando cada milímetro de piel, disfrutando de ese juego femenino en el que competimos por decir que nuestras estrías son peores que la celulitis de la otra.

Mientras estábamos en este extraño ejercicio de auto contemplación proseguí con mi rutina de “embellecimiento”. Me puse mi gorrito y mucho bloqueador del 40 en la cara, ese que deja una capa blancuzca. Podré tener celulitis, pero arrugas, ¡jamás! –dije con toda seriedad. Ya nada más para acabarla de amolar ¡todavía me senté para ver mi revista!, postura que hace que la panza se frunza más y favorece la joroba, porque como quiera acostada te defiendes con la piel estirada. Conclusión, no era la mejor imagen de mi misma en escenario de alberca.

Así estaba yo, torturándome con las imágenes photoshopeadas de modelos y figuras famosas justo después de haber renegado de mi cuerpo hasta el cansancio cuando de repente siento una mirada que me despierta incomodidad por mi poco glamorosa situación. Lentamente subo mis ojitos entre queriendo y no encontrarme con la fuente de mi incomodidad, para mi sorpresa me topé con los inocentes ojos de un niño como de 8 años que venía tomado de la mano de su mamá. Me sonríe, le sonrió y conforme va pasando junto a mí veo que me dice algo que no entiendo. Llena de curiosidad le digo hola, no te entendí ¿qué me dijiste? Él, con la inocencia, SABIDURÍA y HONESTIDAD de los niños me dice que estás bien bonita, acto seguido continuó su camino tan campante sin saber lo que había provocado en mi.

En ese justo momento mis lonjas se esfumaron, mis músculos se tensaron y no pude encontrar un sólo gramo de grasa en mi cuerpo o en mi cerebro. Todos los comentarios que construí durante los cuarenta minutos previos parecían muy lejanos de mi, ahora, escultural cuerpo y tersa piel.

Desde ese día creo ciegamente en la sabiduría popular mientras juro a pie juntillas que los niños SIEMPRE dicen la verdad.