martes, 22 de noviembre de 2011

MEXICANOS al grito de ¡FORMADOS!

Yo recuerdo que una de las cosas que más ensayé y re ensayé en la escuela fue hacer filas. Vaya… que en la escuela pasé el kínder, primaria y secundaria formándome al menos dos veces al día. La instrucción era muy clara, formarnos antes de entrar al salón, formarnos en la clase de educación física, formarnos para que la maestra nos revisara la tarea -aquí debo decir que no ensayé mucho porque nunca hacía la tarea-, así como formarnos para  el simulacro repitiendo “no corro, no grito, no empujo”, formarnos en la tiendita, formarnos, formarnos, formarnos….. Además de estas habilidades para hacer filas, también fui capacitada en el arte de respetar el espacio personal de mis compañeros tomando distancia: 1 brazo arriba, 2 brazo en el hombro del compañero y correspondiente ajuste en la línea,  3 brazo abajo.

Dadas estas circunstancias yo me pregunto, ¿Por qué los mexicanos no sabemos respetar las filas ni los turnos? Me impresiona ver el agandalle diario en estas situaciones, lo considero una muestra del poco civismo con el que nos comportamos, otro síntoma de nuestra poca conciencia social. Estoy segura que muchos de ustedes han vivido estas experiencias frustrantes mientras respetan el lugar en la cola. En lo personal me revienta esa cara de inocencia y valemadrísmo que muestran algunos mexicanos

Comencé a escribir estas líneas hace una semanas en un avión rumbo a Monterrey, ya que justo esa mañana viví la situación que critico y haciendo mi corajito me di cuenta de que en las últimas semanas tuve que defender mi derecho de fila en TRES ocasiones. Debo decir que soy sumamente respondona, así que sí, me quejo en voz alta cuando me enfrento a una situación que me parece inadecuada, y como dicen que para muestra un botón mejor les dejo estos tres momentos que capturan la esencia de lo que quiero transmitir: Hombre y Mujeres de México ¡respetemos las filas!

Botón 1 “Momento del cine en que un vivales  se quiere pasar de listo”
Estaba en la cola del cine para pasar a la sala. Mi lógica es que te formas para entrar en el orden establecido en la línea y  los lugares que te tocan están de acuerdo con la hora en la que llegaste a formarte. O sea, si llegas 10 minutos antes de que empiece la película, pues no tendrás mejor lugar que la persona formada 30 minutos antes.
El caso es que me encontraba formada cuando comienzo a sentir muy cerca de mi oreja a la señora detrás de mí, era parte de un grupo de cuatro señora que comentaban el mal lugar que les iba a tocar. Al tiempo que respiraba en mi oído (¡espacio vital por favor!)  dijo No se preocupen, ahorita que avance la fila yo corro y aparto buenos lugares. Mi estómago comenzó a torcerse del coraje anticipado y pensé Ni madres, la fila no se hace para que una vez abierta la puerta nos aparremos como ganado corriendo por el lugar. Dicho y hecho, una vez abierto el paso buscaba insistentemente la forma de pasar por mi derecha o la izquierda de mi acompañante hasta que volteé y le dije Vamos formados en fila para tener lugar ¿o para qué cree que es la fila? Clarito vi cómo todas las amigas pusieron cara de indignación, pero con voz bajito la susodicha dijo Yo sólo quería pasar tantito. “¿Pasar tantito?” ¿Eso qué significa en una cola? ¿Me deja pasar tantito? ándale, es que no sé respetar turnos y mi caso es más importante que el suyo bien podría querer decir ese pasar tantito.

Botón 2 “Me hago el despistado por qué la neta me da flojera hacer la fila”
Aprovechando el día festivo (2 de Noviembre Día de Muertos en México), mi amiga Robb me ayudó a poner unos cuadros en mi casa. Como no tengo idea de clavos ni nada de esas cosas quedamos de vernos en Home Depot para comprar lo necesario, obvio la tienda estaba súper llena. Al tener todo lo que íbamos a usar nos formamos en la caja, pagamos y nos formamos de nuevo para que el policía de la salida revisara el ticket y la mercancía.
La cola estaba sobre el lado izquierdo. Estando a dos personas de nuestro turno vi a un señor que, bajita la mano, estaba haciendo una segunda fila del lado derecho. Cuando nos tocaba a Robb y a mí el señor que hizo su propia cola se adelantó dándole el ticket al policía. Ya les dije que soy respondona así que le dije, estamos formados, la cola es allá atrás, pero ya se pasó… sígale. El policía se me quedo viendo, le devolvió el ticket y tomó el mío. Mientras tanto el señor empujó su carrito para irse a formar diciendo en voz bajita perdón, no me había dado cuenta ¿NETA? Es imposible no darse cuenta que estás mal formado, en fin… las personas tampoco están acostumbradas a que alguien les diga de forma clara cuando están rompiendo una regla de convivencia social.

Botón 3 “El que se enoja cuando pensó que se iba a salir con la suya”
Aeropuerto de la Ciudad de México, Terminal 1, 6:00 am, la cola para entrar a las salas de abordar kilométrica, de verdad kilométrica. Tenía que estar abordando a las 6:30 am y me parecía una situación imposible por la cantidad de personas delante de mí, la angustia se sentía entre todos los pasajeros en la fila. En un momento se me ocurrió irme por la puerta de arriba y sí, estaba más despejada, sin embargo tampoco iba a pasar a tiempo por el control. Total que alrededor de las 6:20 am me faltaban como 15 lugares para llegar cuando una persona de seguridad del aeropuerto se para frente a la fila y nos pide a los pasajeros con vuelo a las 7am que hagamos otra fila respetando el orden en el que estábamos formados, sólo pasen los primero 10 fueron sus palabras exactas. Era obvio que nos iban a dar un pase más rápido para poder alcanzar nuestros vuelos.
¿Qué creen que sucedió?..... pues que sin importar el orden algunos se empezaron a abalanzar, y ahí les voy otra vez con mi espíritu justiciero. Oiga, pero usted nos tiene que dirigir por qué no se está respetando el orden en el que estamos formados, le dije en voz bastante alta al policía. Bueno, de repente sentí el odio de todos los que pensaron ser ganones y vivos aventándose a la fila aunque estuvieran formados atrás. Pues NO, ¡NO PASAN ANTES QUE YO SI ESTOY FORMADA!

Vivamos en armonía, ¿cómo pedimos a los políticos y autoridades que nos respeten si nosotros no respetamos las más básicas normas de convivencia social?
Por eso como CUIdana de mi hermoso país les propongo 5 puntos básicos en eso de las filas, ya sea para el banco, baño, buffet, lo que sea:
1) No trates de adelantarte a otros por ningún motivo, ahora, sí de verdad es urgente dilo. Yo he dejado pasar en las filas, y me han dejado pasar, frente a verdades urgencias y situaciones de sentido común, pero a la mala NO. Respetemos los turnos.
2) Mantén la distancia mínima, cuida tu espacio vital y el de las personas a tu alrededor. Evita respirarle en la oreja o nuca al de adelante, ponerte de lado como salido en la fila chocando hombro con hombro.
3) Cuando te formes verifica que la fila no estorba el paso de otras personas hacia otro lugar. Por ejemplo los cajeros en la calle, fórmate pegado al edificio, no atravesado en la banqueta para que los peatones tengan de saltarte.
4) Si hay dos filas que en algún punto se mezclan en una sola, cede el paso, aplica el uno y uno, lo que es parejo no es chipotudo y eso de avanzar 5 de un lado y 2 del otro pues no es justo ¿no?
5) Organiza, se proactivo, si ves que una fila es un caos, propón en buena onda una solución. Las personas siempre agradecemos opiniones que mejoran las situaciones sociales
MEXICANOS NO ROMPAMOS FILAS, necesitamos orden hasta en las cosas más sencillas para ir escalando como sociedad hacia situaciones más relevantes.

martes, 11 de octubre de 2011

Lo canjeo, lo "cambeo"

¿Quién, pero quién me dijo que para un alma como lo mía iba a ser fácil no quejarme por 21 días? Obvio nadie me lo dijo, yo lo supusé y nada... me equivoqué… oh sí que me equivoqué.
En honor a la verdad me resultó muy difícil tratar de llevar a cabo ese reto, ya sea por la circunstancias que se dan en esta hermosa Ciudad de los Palacios o por la dinámica social. Me he dado cuenta que quejarnos es una forma de desahogar la impotencia que sentimos frente a situaciones básicas como el tráfico y otras veces lo hacemos para abrir una conversación como por ejemplo durante esos silencios de elevador cuánto se tarda entre piso y piso ¿no? dice uno queriendo comenzar a platicar. Es más cuando estudiaba psicología una de las cosas que nos enseñaban para relajar la ansiedad frente a los primeros pacientes era justo hablar del clima, y será el sereno, pero cuando uno habla del clima siempre es para quejarse (aunque en días soleados, con cachetito brilloso siempre diré ¡qué rico calor!).
Y para no hablar desde el “dice uno” y “para las personas es complicado” hablaré desde mi misma. A mí, Gabrielita chula, me resulta muy complicado no quejarme, lo he aprendido y me sale del corazón. ¡De verdad! También me he dado cuenta de que la queja, en forma de chisme o crítica, es un medio de contacto para afianzar relaciones personales, jaja, no es choro. Por ejemplo, sí estoy con una amiga y otra persona hace algo que nos parece inadecuado ahí estamos critique que critique. Es algo a lo que llamo solidaridad de género, si mi amiga se queja del galán, esposo, novio o concubino debo mostrarle mi apoyo construyendo más sobre el comentario, es la noble causa de ayudarla a hacer catarsis (si usted es hombre puede ser que no comprenda esta actitud, aún así es real :D).
Todo lo anterior para decirles que así como asumí frente a ustedes mi compromisos para estos 37 años que transito, hoy hago un “recontrato” conmigo misma, con la Cobicomunidad , así como con este blog. No continuaré intentado evitar las quejas en mi vida diaria ya que, en este momento de mi vida, me parece algo lejano de mis posibilidades. Sin embargo no todo fue a parar a un saco roto, reflexioné bastante sobre el sentido de las quejas y lo inútiles que son cuando no van acompañadas de una propuesta de acción o cuando sólo las hago por jorobar al prójimo. Me parece que sí las acompaño con un comentario propositivo el tono cambia de queja a: 1) exposición de una situación 2) posibilidad de solución. Por ejemplo –y sin el afán de ventanear a nadie de mi círculo cercano: D- si estoy en un restaurante, no me gusta la sopa y le digo al mesero ¡aish, es que no me gustó!, mientras me le quedo viendo con cara de usted es un inútil junto con el chef sí es una queja que, además, me puede traer consecuencias negativas en la calidad del siguiente plato que me traigan a la mesa. En cambio si le digo de forma amable todo está muy rico, pero la sopa no me gustó mucho, ¿qué otra cosa me puede traer? hasta termina él sintiendo que ha hecho un buen trabajo al ofrecerme desde su experiencia una mejor recomendación. Así me podría ir de ejemplo en ejemplo, la cosa es que estoy apenas en la introducción del punto.
Y como diría la abuelita de cualquiera, para no hacer el cuento más largo les platico que he hecho un nuevo compromiso, en términos de trabajo “espiritual”, para compensar esta debilidad mía por la queja y la crítica. He decido fortalecer mi voluntad y mi conciencia de dos formas que funcionan a modo de intercambio:
Hace una semana me fui a un retiro de silencio. Miren qué ése sí estuvo interesante. Pasé tres maravillosos días con mi amiga Lauri. Las dos –junto con otras 30 personas- concentradas en la intención de mantener el pico cerrado. Yo no lo logré al 100%, cosa de la inercia, aún así fue un gran trabajo de introspección y acomodación personal. Las veces que “hablé” fueron por necesidad básica. Ejemplo: estaba en el baño cuando alguien empujó la puerta y dije está ocupado (jajaja, me estoy riendo solita por qué creo que debo revisar qué pasa conmigo respecto a contar éstas cosas). Era obvio que en esa situación hablar era fundamental para mi pudor.
Lo de mantener la boca cerrada la verdad no fue un ejercicio tan insoportable. Me di cuenta  que cuando estás en silencio interno la necesidad de juzgar los actos y actitudes de los demás va disminuyendo. Eso fue justo lo que comentamos Lauri y yo al terminar, el no poder comunicarnos entre nosotras nos hizo tragarnos muchas críticas y conforme fue pasando el tiempo se quitó ese juicio constantes sobre los demás, así como la necesidad de compartirlo con otros. Cuando comienzas a poner atención sólo en ti te vuelves más tolerante y cordial. Por eso lo que más esfuerzo me costó fue céntrame en mí, callar la mente que siempre me está hable y hable, fue un esfuerzo monumental.
Lo bonito, el lugar maravilloso, igualito a la “farmville” que tenía (yo confieso que era fan). Estuvimos en un terreno precioso en Morelos, lleno de pasto, árboles y hamacas, la naturaleza en pleno. Para mí, que me resulta pesado levantarme temprano los fines de semana, fue una delicia estar a las 7:30am lista para hacer ejercicio mientras el sol iba saliendo en su esplendor. Todos los ejercicios de introspección y meditaciones fueron muy enriquecedores, lo que más disfruté fue una técnica que me sabe a relajación llamada Musicosophia. En fin, podría llenar más hojas contando la experiencia, les pongo el link del lugar que los organiza, a lo mejor a alguien le interesa, http://www.caminaati.com.mx/.
La segunda actividad por la que cambio el reto de los 21 días sin quejas es un proceso de desintoxicación física que estoy comenzando justo el día de hoy, bueno empecé a prepararme desde el viernes pero hoy está comenzando lo bueno. Esta desintoxicación también me la recomendó mi amiga Lauri, ella es muy zen :).
Y me vuelvo a reír, pero más me parece una coincidencia que estos temas estén saliendo a relucir ahora. El proceso es la desintoxicación con Sirope de Savia (también les dejo el link http://www.reikiactivo.com/otros/sirope/?lang=es ). Esta es una “dieta” que se debe llevar a cabo entre 7 y 10 días, teniendo como único “alimento” la mezcla de dos mieles, agua con homeopatía, té rojo, té de toronsen y jugo de limón. Estos ingredientes aportan al organismo todos los nutrientes necesarios, así que hambre hambre no da, lo que da es antojo, por eso se trabaja la voluntad y la templanza. Yo decidí hacerlo sólo por 5 días, ya me conozco, ¿para qué le hago al cuento?; además, ya sé que viene Halloween, pero tampoco quiero traer cara de cadáver, me gustan mis cachetitos.
El fin de este proceso es desintoxicar el organismo de todo aquello que traemos en el cuerpo desde que nacimos y que ya no es más que material sin ninguna aportación positiva. Miren que me estoy fijando en la descripción, pero ahí les va en buen castellano. Es una dieta para limpiar el sistema digestivo de los residuos que han ido quedándose en él a través de todo lo que hemos comido durante años.
La idea por la cual lo hago es darle el cierre correcto a todo el proceso que he venido viviendo desde…. que nací, supongo.  He depurado muchas cosas y transformado mi vida siguiendo una evolución que me ha permitido ser la persona que hoy les escribe, y la neta es que me gusta quién soy, no siempre fue así, mucho tiempo no me gustaba ni me caía bien.
Es como un “rito” simbólico de vaciar todo lo que ya no me sirve. En el retiro continué trabajando temas pendientes, así que para cerrar con broche de oro la depuración físico, mental y emocional de todo lo que traía cargando respecto a mi historia familiar (que no es trágica, pero han sido mis batallas) y mi historia personal concluye con esta “lavativa”. En lenguaje metafísico-mágico-musical, para poder integrar cosas nuevas en mi vida el espacio debe estar vacío y limpio para recibirlas en las mismas condiciones. Y en términos de física real, si quiero poner un litro de agua en un recipiente con capacidad para un litro de agua, éste debe estar vacío para que así suceda, ¿ya estoy forevereando mucho? El caso es que me vacío el cuerpo, el alma y la mente para seguir de brazos abiertos a la vida y recibir como se debe todas las cosas buenas que hay en el mundo para mí.
Bueno, pues así es la cosa. Imaginen que tan difícil ha sido el no quejarme que preferí hacer estos dos compromisos como preparación personal y emocional para poder pasar 21 días hablando sólo en positivo. Por lo pronto me voy a tomar mi tecito de toronsen para dormir tranquila mientras dejo que mi cuerpo trabaje para limpiarse, nite nite :).

jueves, 8 de septiembre de 2011

México no es un abstracto, México eres tú

México no es un abstracto, México eres tú esta frase ha resonado en mi cabeza desde pequeña. Tuve la fortuna de asistir al Instituto Educativo Olinca, una escuela en la que el civismo era parte del programa educativo. Durante varios años viví la elección de un presidente para la República Olinca (los alumnos de 6to grado hacían campañas y propuestas y todos votábamos), se organizaban actividades con comunidades poco favorecidas para concientizarnos sobre la responsabilidad que teníamos en nuestro medio, pero sobre todo  diario veía está frase en una de las paredes de la escuela.  Los primeros años no comprendía siquiera la palabra abstracto, pero de tanto vivirlo lo intuí. Tal vez reprobé muchas materias, y hasta me corrieron por burra en 2do de secundaria, sin embargo aprendí como pocas cosas en mi vida que México soy yo.
Hoy me duelo, y me duelo mucho, siento una gran impotencia, coraje, frustración y tristeza al escuchar las noticias. Todos los días hay muertos, torturados, violencia, no me importa si mueren “malos” o inocentes, lo triste que es nos estamos acostumbrando a vivir en un clima hostil. También encontramos noticias tan absurdas como las “ladies de Polanco”, el locutor de radio que insta a matar a los ciclistas, el conductor que dispara contra el conductor de un camión escolar, etc. Estos hechos me parecen un claro síntoma de nuestro tiempo y de los valores que hemos decidido integrar a nuestra rutina diaria.
Por otra parte tenemos situaciones, a las cuales me cuesta trabajo ponerles un adjetivo, como la que se dio en Monterrey hace unas semanas. Me parece inconcebible que alguien pueda, impunemente, bajarse de una camioneta con toda tranquilidad, avisar que se va a incendiar un local con gente inocente entreteniéndose, vaciar gasolina, prenderle fuego y poder huir. ¿Qué pasa por la mente de estas personas? Eso está fuera de todo contexto y me tomaría muchas hojas tratar de explicarme a mí misma cómo es que estos sujetos se han convertido en lo que son. Lo que me mueve a escribir hoy es la tristeza de ver cómo la violencia, la carencia de afectividad y los corazones entumidos van tejiendo nuestras acciones y reacciones cotidianas para adaptarnos a una nueva realidad, cómo hemos ido aprendiendo, de forma inconsciente, que ser violentos y romper códigos es una forma de vivir en México.
 Por otra parte, vemos a un presidente agotado, quien debe estar contando con ansias los días por entregarle el mando al siguiente incauto con aires de héroe mexicano que quiera presidir esta nación;  a un candidato presidencial, heredero de un hampón, perfilarse como favorito en las elecciones; a autoridades confesando que están rebasadas mientras piden a los secuestradores que, de favorcito, no maten a sus víctimas; a policías secuestrando y pasando información a los cárteles; a una generación de niños y jóvenes, sin oportunidades de estudio y trabajo, encontrar como oportunidad para salir adelante la afiliación a un cártel, antes lo hacían bajo amenaza, ahora lo buscan y esperan cumplir con el “perfil” requerido,  y así podría continuar enlistando situaciones.  También vemos a una sociedad indignada, dolida, pero aún así pasiva. Son pocos, y los admiro profundamente, los que se han atrevido a alzar la voz, y además actuar para, desde sus trincheras, generar estrategias que buscan ponerle fin a esta situación. Lamentablemente, además de todos los conflictos actuales, la corrupción que se ha mamado por generaciones en este país también les corta el paso hacia las posibilidades de un cambio.
Frente a esta visión, las preguntas de mi México querido son ¿hasta dónde pueden llegar estas personas? ¿Hasta cuándo el gobierno va actuar de forma contundente, sin pactos ni treguas con gente que no respeta más valor que el dinero y el poder enfermizo? ¿Qué va pasar con nuestro país, nuestras familias, nuestros trabajos? ¿Seremos, sino es que ya somos, como otros países en los cuales el narco está en todos los negocios, incluso en mi lugar de trabajo?
Todas mis preguntas las he dirigido siempre hacia las autoridades quiénes, sin duda, tienen toda la obligación de cumplir con la dirección del país y protección de los ciudadanos, sin embargo pienso, si México soy YO, y quiero que México cambie hacia mejores condiciones ¿qué estoy haciendo para contribuir, desde mis posibilidades, a la solución de esta situación?  Me siento impotente, sin un camino claro, pero con la certeza de que quiero ser parte del cambio que, estoy segura, se generará en México, no podemos continuar así. La cosa es que no sé hacia dónde ir. No puedo llamar a una revolución social porque no tengo el alcance, honestamente tampoco el valor, ni los medios para lograrlo; no puedo irme a platicar con estos señores porque buena la tendría, además de las carcajadas que les provocaría; pensar en alistarme en el ejército para luchar cuerpo a cuerpo, pues menos, además de que ya estoy harta de oír sobre enfrentamientos. 
Gabycobi ¿qué hacemos? me pregunté a mí misma y al hacerlo parecía perro buscándome la cola porque no tenía una idea clara. Hoy sé lo que quiero hacer, quiero ser CUIdadana de mi nación.  Hace dos años leí “El país de las mujeres” de Gioconda Belli. En esta encontré el término y me gustaron sus implicaciones. Ser CUIdadano significa tener una participación activa, hacerte cargo de y responsabilizarte por lo que te toca en tu comunidad, en tu entorno inmediato, es CUIDAR el pedazo de patria que te corresponde. Dicho así puede parecer ser muy subjetivo y poco trascendente para combatir una guerra que se libra con las armas letales que portan miles de sicarios alrededor del país, además de los obstáculos propios de la cultura de corrupción con la que nos enfrentamos entre los servidores públicos y ciudadanos. Sin embargo, si cada día un número mayor de personas se convierten en CUIdadanos el ejército que salvará a este país estará formado por la gente común y corriente, que en singular poca diferencia podemos hacer, pero en conjunto podemos sentar las bases para el nuevo México que queremos crear.
Idealismo absoluto, estoy de acuerdo. Aún así, también pienso que es posible. Que el proceso será largo, claro, es más, será larguísimo. Estaremos luchando por transformar un bagaje cultural de siglos, lo cual no debe ser fácil ni inmediato. No hablamos de curar a México de una gripa, hablamos de curar a México de un cáncer maligno que avanza poco a poco. La buena notica es que somos muchos, muchos más los que tenemos algo de salud y deseo de hacer las cosas bien, de respetar y amar a nuestro país, porque es amarnos a nosotros mismo.
Vamos a comenzar por respetar las normas sociales, actuar con civismo. Esto supone respetar al que no conocemos como si fuera parte de nuestro circulo cercano, y respetar las leyes aunque nadie nos esté vigilando. Evitar aventarle el coche al de al lado, respetar las señales de tránsito, mantener limpio nuestro paso por la ciudad (lean la teoría de the broken window), no dar mordida, bueno, en primera, regresar a respetar la ley para no tener que dar mordida, etc. Cumplir cabalmente con nuestra responsabilidad social a gran escala. No comprar droga, no comprar piratería, no recibir grandes cantidades de dinero en efectivo de dudosa procedencia, no manejar borrachos (lo hecho, claro, ya no la haré porque hoy me convierto en CUIdadana).
Sé que son puntos débiles, que deberíamos cumplir con problemas o sin problemas, aún así, son pequeñas batallas que debemos ir luchando todos los días para cambiar el sentido de nuestro pensamiento, para evitar asentarnos como comunidad en los hechos negativos, pensemos que ése que va junto a nosotros es parte del equipo, que va a cumplir con su trabajo, o a recoger a sus hijos, y tiene tanto coraje y miedo cómo nosotros. Porqué bien que nos quejamos de la insoportable ola de violencia, ¿pero qué tal le aventamos el coche al que nos pide el paso al tiempo de gritarle un finísimo “¡pendejo!”?

miércoles, 3 de agosto de 2011

Retándome a los 37

Para poner un poco en contexto el poco pudor con el que cuento mi vida, les platicaré cómo comencé a ventilarme públicamente.
En Septiembre del 2001, alrededor de una hora después de los atentados en EU, sentí una gran necesidad de expresar lo que pensaba al respecto, así que escribí mis ideas y las mandé a algunos de mis contactos de mail. No la mandé a todos los contactos, sólo a aquellos a los que pensé podrían interesarle y pudieran no sentirse invadidos por mi mail. Desde ese día me sentí cómoda expresándome por mail, así que continué escribiendo sobre lo que iba sucediendo en mi vida, las opiniones que tenía al respecto de cada situación, así como mis pensamientos sobre cualquier tema que me inquietara.
De eso ya casi han pasado 10 años, la lista se ha modificado (unos más, unos menos), pero ese espacio, al que le llamo Cobimail, y la Cobicomunidad (todos los contactos contenidos bajo el nombre Cobimail) son parte importante de mi vida. Es el lugar en el que me desahogo, me quejo, platico de las cosas buenas que me suceden, etc. También los miembros forman parte activa, ya que en ocasiones sirve como medio para publicitar casa, coches o cualquier cosa en venta, en otros casos piden ayuda para su chamba o también mandan información que consideran importante.
Fue así como después de casi 10 años, y algunos escritos, me decidía a abrir este blog.

El tema de esta entrada es referente a mi cumpleaños 37 que fue hace casi un mes. Cada cumpleaños y fin de año (aprovechando que son fechas con 6 meses de distancia), hago una reflexión sobre la forma en la que mi vida ha avanzado, o se ha detenido, en todos los ámbitos que considero importantes. También hago compromisos personales, establezco metas que quiero alcanzar. Una vez decididos los puntos, los mando a la Cobicomunidad, de esta forma  he podido medir la evolución que he tenido en la vida. Para mí es un ejercicio muy enriquecedor y quiero compartirlo con aquellos que sin conocerme me leen.

La reflexión de este año 36 años es muy breve, fue un año de fuerte trabajo personal para reconstruirme. Hoy me da satisfacción cerrarlos con nuevos aprendizajes emocionales que me han dado madurez personal. En pocas palabras, terminé un diplomado de coaching, abrí mi blog, me hice el hábito del ejercicio, tengo estabilidad laboral, he empezado a solucionar broncas emocionales que traía colgando desde hace muchos años, me abrí  de nuevo al amor y pude retirarme sin dramas cuando reconocí que el panorama no pintaba bien para mí, para ahora lanzarme en una loca aventura romántica que ya veré si me atrevo a contar en voz alta.

Pasando a los compromisos, estás son mis metas para los 37 años:

1)      Cumplir un reto que nos mandó mi amiga Jessica (amiga y compañera de trabajo). El reto consiste en pasar 21 días sin expresar queja alguna. ¿Se oye fácil no? Pues déjenme decirles que llevo 13 días intentándolo y está “pelón”. La idea es traer una pulsera en la mano que sea, cada vez que se me olvide y exprese una queja debo cambiar la pulsera de mano. De esta forma la pulsera debe pasar 21 días en la misma mano, lo que significará que logré cumplir con el reto.
Lo que espero lograr al no expresar quejas es centrar mi atención en las cosas positivas a mi alrededor y modificar el hábito de la queja por el de la propuesta positiva para las situaciones que se presenten.

2)      Escribir todos los días 5 cosas que agradezco que me hayan pasado durante el día. Esto es para continuar en la onda de conectarme con la buena ondez del universo. Comencé a hacerlo unos días antes de mi cumpleaños, llevo ya varias páginas llenas de cosas buenas que me pasan todos los días. Gracias a este nuevo hábito, puedo decir que el día está lleno de cosas buenas, sólo hay que ponerles más atención que a las “malas”.

3)      Terminar de pagar mis deudas. Esta meta me viene persiguiendo desde hace dos años, pero bueno, ahí voy. Hace un año tenía 4 tarjetas de crédito que saldar, logré liquidar 2, así que este año voy por las que me faltan y ¡habré cumplido! Si he logrado disciplina en áreas que me costaban más trabajo, como por ejemplo, la comida y el ejercicio, disciplinarme en temas financieros será sólo la continuidad de un proceso interno.


4)      Quitarme un tatuaje que tengo en el tobillo derecho. A los 16 años decidí tatuarme una cruz pequeña. El significado cuándo me lo hice era recordar el sufrimiento de Jesús para lograr la armonía (de chiquita quería ser monja ¿qué les puedo decir?). Literal, solía llamar al tatuaje “mi personal Jesus”. El caso es que ya no considero el sufrimiento como una forma de alcanzar la “Gracia”, entonces ya no necesito ese símbolo que nació con ese significado. También lo hice por rebeldía y pues a estas alturas de la vida tampoco está uno para seguir de rebelde o revolucionario, ji, así que el tatuaje se va.

5)      Veo mal, miopía, hipermetropía y astigmatismo, o sea, con un ojo de cerca, con otro de lejos y con los dos borroso. Obviamente debo usar lentes, la cosa es que no me encanta, y esto es un asunto meramente estético, así que evito usarlos a menos que sea absolutamente indispensable.  Entre semana, una vez que comienzo a chambear, los traigo todo el día, pero en fines de semana y vida social no, cosa que no me ayuda mucho porqué si veo mal. Mi meta es hacerme el diagnóstico para la operación y, sí soy candidata, operarme.


6)      Continuar con el gimnasio y…… ¡marcar mi abdomen. ¡Verdad verdadera que lo lograré! Tengo todo un año para lograrlo, y sí le pongo un poco más de disciplina no debe ser imposible. Aunque claro, con la edad pues el cuerpo no es igual, pero bueno, esa es la meta, veremos qué es lo que alcanzo.

7)      Ver las galaxias en su plenitud. Echar un vistazo al pasado, ver lo que sucedió en el universo hace millones de años….o sea, ir a un observatorio para ver el cielo. Organizaré un viaje a un lugar despejado y libre de contaminación visual para echarme un clavado por un telescopio.


8)      Organizar otro viaje de fin de semana para dar una vuelta en globo aerostático. Tengo muchas ganas de ver amanecer metida en una canasta, a varios metros del suelo, con un buen paisaje por compañía. Claro que me encantaría hacerlo en Capadocia, pero con que pueda hacerlo en Hidalgo estará bien.

9)      Seguir estimulando mi cerebro. El año pasado me llené de actividades extracurriculares porque tenía la necesidad de mantenerme ocupada. Este año lo haré con calma y por puro gusto. Tenía algunas vagas ideas de qué hacer, pero lo que más me late es tomar otro taller de creación literaria. En caso de que no encuentre uno que me guste, ya veré con qué cosa nueva estimulo mi mente.


10)  Mantener una actitud positiva sin importar qué cosas me muevan el suelo este año. Siempre lo digo y lo confirmo, no puedo controlar lo que sucede en mi vida, pero definitivamente sí puedo controlar la forma en la que enfrento los sucesos, así que empiezo estos 37 años con mi mejor sonrisa.

Let´s rock those 37!